miércoles, septiembre 22
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LA SANTIDAD DE LOS CONTRATOS Y OTRAS FALACIAS MEXICANAS

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-Primera parte-

Recuerdo que después de varios meses viviendo en Asia y durante el tiempo que estuve allá, una cuestión interesante que experimenté fue darme cuenta que muchas de las “afirmaciones absolutas” vertidas en algunos medios de comunicación extranjeros acerca de aquella región, eran falacias, verdades a medias o mentiras completas; más de un expatriado nos reíamos al leer tales elucubraciones, pero eso sí, a veces la insistencia en publicar sobre un mismo “hecho” era tal, que pareciera tenían la esperanza de que a base de repetición continua, dichas falacias se convertirían en realidad. Leer “información” sobre México en algunos medios hoy en día, me da una impresión similar.

Creo que lo mismo nos ha sucedido a más de uno cuando visitamos algún otro país, región o ciudad e inclusive cuando nos damos cuenta que algunas cosas no eran ni resultaron como nos las platicaban, propaganda aparte.

Cabe mencionar que las falacias pueden ser creadas tanto por actores del sector público y del privado, ya sea juntos o por separado; su creación no es exclusiva de alguno de ellos, independientemente de sus creencias, ideologías y propósitos políticos o de otra índole, siendo que como en la propaganda, a veces la intención es manipular de cierta forma la opinión o percepción pública. Ejemplos hay muchos. Pero bueno, este fenómeno no es un caso de excepción en México.

Comenzaré por una de las falacias que han perdurado a través de los años e incluso con mayor fuerza se han tratado de vender recientemente, la supuesta Santidad de los Contratos, aquí cabe recordar que un contrato bilateral -hablando de un ejemplo- como su nombre lo dice, tiene dos partes, ambas con obligaciones y derechos emanados del mismo contrato o de las leyes que dan origen a este acto jurídico. Aunque por el hecho de que un derecho no esté explícitamente descrito en el contrato, tampoco significa que no se pueda invocar.

Generalmente en los contratos se incluyen cláusulas describiendo los casos, excepciones y procedimientos para modificar, terminar o reequilibrar la relación contractual, según sea el caso; también las leyes nacionales e internacionales otorgan a las partes diversos medios de revisión o defensa que pueden hacer valer y establecen ciertas restricciones para la celebración de estos. En otras palabras, los contratos no se circunscriben únicamente a lo que está incluido en su redacción.

Otra falacia común es querer presentar la certeza o seguridad jurídica y el estado de derecho como sinónimos de inmutabilidad de la ley o de la santidad de los contratos, siendo que aquí es interesante porque nos encontramos ante una idea que se basa en una o dos falacias preexistentes; si le añadimos algún absolutismo como “en todos o en ninguno de los países del mundo” sucede o hacen x, y o z, la falacia va creciendo al igual que su sesgo.

Cada vez con mayor frecuencia es común escuchar o leer en las noticias y medios de comunicación una tendencia a fortalecer la falacia siguiente: Si en un amparo nos otorgaron la suspensión -provisional o definitiva- aunque no para todos los actos reclamados, significa obviamente que ya ganamos o que sí lo vamos a ganar.  En este caso, lo que me llama la atención es que de forma implícita o explícita se presupone una condición sucesiva que es inexacta; no sería descabellado pensar en una estrategia detrás que nos lleve en un futuro a formular un silogismo similar a:

1.- Yo ya informé o di a entender públicamente que la suspensión es casi igual a ganar y que todo va para “atrás”.

2.- Si al final del procedimiento no me favorece la sentencia que pone fin al juicio, obviamente significa que:

X.- Por tanto, en consecuencia, a).- está mal el órgano jurisdiccional, b).- hubo corrupción o me tienen mala fe, c).-México está en contra de x, y o z, d).- etcétera.

Analogías aplican para cualquier falacia existente en el mundo, especialmente si nuestra intención es victimizarnos; aunque algunas catalogadas como tales en un momento determinado, posteriormente han sido aceptadas como una verdad temporal, tal vez.

Ya casi para terminar, si a estas falacias añadimos algunos números -muchas veces presentados en muchas páginas o con gráficas que llaman la atención pero que son incorrectos o incompletos- se vuelve aún más confuso.

El tema es muy amplio y existen muchos ejemplos más, es por ello que invito al público en general a siempre tener cuidado con la información y la forma en que se nos presenta, así como la posible intención que hay detrás; especialmente en estas épocas de hiperpolitización de algunos actores del sector privado y público.

Por último, creo que también es muy útil analizar el contexto, la imagen completa y la mayor cantidad de información disponible sobre un tema a tratar, porque en mi experiencia no he sabido de soluciones mágicas o únicas ni de falacias que hayan beneficiado a un cliente, sector o país del mundo.

Y amigos, “aguas” con la grilla pública o privada.

Pueden contactarme en: Rogelio@huastecaventures.com

* Consultor especializado en el sector energético.

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